In memoriam: Bertrand Tavernier

Buena parte de la obra del francés Bertrand Tavernier (nacido en Lyon el 25 de abril de 1941, fallecido el pasado 25 de marzo en Saint Maxime) aparece volcada hacia una visión crítica de un medio burgués o provinciano, con vuelo poético y frecuente poderío dramático. También ha encarado exploraciones del espíritu sureño norteamericano como Mississippi Blues (filmada en Estados Unidos a comienzos de los años ochenta, con la colaboración de Robert Parrish), o aproximaciones más o menos biográficas a los músicos de jazz Bud Powell y Lester Young, con una rica banda sonora, actuación de Martin Scorsese y rodaje en Francia (Cerca de la medianoche, 1986). Esos films delatan igualmente la afición de Tavernier por un costado de la cultura popular norteamericana, que lo aproxima a otros cineastas y críticos de su generación.
Otra parte de la trayectoria de Tavernier cabalga entre la referencia a esa cultura y la visión de una Europa transnacionalizada: un ejemplo puede ser una película como Nuestros días felices, sobre un padre británico cercano a la muerte que recupera a su hija francesa (Jane Birkin) para evocar el tiempo pasado. De alguna manera, esa veta estaba ya, diez años atrás, en La muerte en directo, bajo la forma de una ficción científico-televisiva que anticipó los reality shows. Lo más sustancial y perdurable de la obra del director puede estar, sin embargo, en sus películas más claramente francesas, incluyendo La pasión Beatriz (1987, muy refinada y evasiva), con su referencia crítica a las convenciones sociales. Una de las explicaciones puede radicar en el hecho de que Tavernier es un provinciano (nació en Lyon), que hasta 1973 fue crítico cinematográfico bastante riguroso, y que entre otras funciones fue el encargado de prensa de algunas de las películas de Jean-Pierre Melville, otro disconforme y otro admirador del cine norteamericano. La forma que Tavernier ha adoptado en algunos de sus films más interesantes (El relojero de Saint-Paul, El juez y el asesino) o en películas más decantadas (Un domingo en el campo, La vida y nada más, Nuestros días felices) es muy eficaz, se detiene en los personajes, contextualiza los conflictos con un referente social e histórico, discute ideas y propuestas sobre la convivencia, como por ejemplo en Más allá de la justicia (1981), donde hay también un punto de partida norteamericano (la más negra de las novelas negras: 1280 almas del gran Jim Thompson). Un autor que por sus gustos personales muestra claras influencias extranjeras (fue coautor de un libro enciclopédico, muy útil, sobre el cine norteamericano 50 Years of American Cinema) y presenta al mismo tiempo cualidades muy francesas, por momentos casi proustianas. Revisar lo más valioso de la obra de Tavernier es también una forma de revalorar un cine francés de autor que no recurre a novelerías ni efectismos, y que es capaz de conmover, de inducir la reflexión del espectador, o de apropiarse compulsivamente de temas polémicos con los que compromete un punto de vista. Esta retrospectiva abarca solo una parte de su obra, pero resulta bastante representativa.

Capitán Conan

DIR: Bertrand Tavernier / 129 min.

Francia 1996.

El juez y el asesino

DIR: Bertrand Tavernier / 128 min.

Francia 1976.

El relojero de Saint-Paul

DIR: Bertrand Tavernier / 102 min.

Francia 1974.

La carnada

DIR: Bertrand Tavernier / 93 min.

Francia 1995.

La vida y nada más

DIR: Bertrand Tavernier / 130 min.

Francia 1989.

Nuestros días felices

DIR: Bertrand Tavernier / 93 min.

Francia 1990.

Todo comienza hoy

DIR: Bertrand Tavernier / 117 min.

Francia 1999.

Un domingo en el campo

DIR: Bertrand Tavernier / 94 min.

Francia 1989.

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