foto Madera y agua

Madera y agua

Wood and water

Alemania, Francia, Hong Kong, 2021

Dirección: Jonas Bak

Guión: Jonas Bak. Fotografía: Alexandru Grigoras. Música: Brian Eno. Producción: Trance Films. Elenco: Anke Bak, Susanne Johnssen, Theresa Bak, Ricky Yeung, Alexandra Batten, Patrick Shum.

Duración: 85 minutos

Recién jubilada de su trabajo en una iglesia de la Selva Negra rural, Anke quiere reunirse con sus hijos en el mar Báltico, un lugar donde solían vivir como una familia joven, un lugar donde ella vivió sus mejores años. Su hijo Max, poco comunicativo y escurridizo, no puede unirse al resto ya que las protestas paralizan su nuevo hogar, Hong Kong. Luego de muchos años sin contacto con él y tras pasar un verano nostálgico, al enfrentar el vacío de la jubilación, Anke decide viajar a visitar a su hijo. Obviamente, una madre quiere ver cómo están sus hijos de vez en cuando pero Hong Kong es también una aventura, un escape.
Filmada en 16 mm y con una gracia fluida subrayada por una banda sonora compuesta por Brian Eno, el director alemán Jonas Bak se mueve desde las densas copas de la Selva Negra hasta los rebosantes rascacielos de Hong Kong en esta película que constituye una profundamente conmovedora ópera prima.
En una decisión audaz, Anke, aunque sufre de depresión y ansiedad, viaja a Hong Kong para encontrar a Max, y quizás también a ella misma. Con un enfoque sosegado y totalmente original, Bak construye una fábula suave y ambigua del devenir que presenta una actuación maravillosa y naturalista de su propia madre.
El cineasta utiliza elegantes composiciones de cámara fija y tomas largas y melancólicas, optando por un estado de ánimo contemplativo que extrae significado de lo que no se dice. Con una especie de delirio disociativo, la película hace su transición de los exuberantes bosques y las desoladas iglesias del sur de Alemania a las luces parpadeantes y las texturas modernistas de una Hong Kong inmersa en una ola de manifestaciones masivas.
Vulnerable en su soledad pero claramente inspirada por la curiosidad y una gran fuerza interna, Anke explora la ciudad por su cuenta: almuerza con un guardia de seguridad, le vaticinan su fortuna y entabla una conversación con una voz incorpórea que duerme en la litera de arriba de una habitación de albergue compartida. Aunque aparentemente insignificantes, estos momentos fugaces resultan estimulantes.
La película nunca sucumbe a la narrativa de tantas otras que utilizan escenarios internacionales como catalizadores para el autodescubrimiento.
Los problemas de Anke con su hijo no se resuelven exactamente al final de la película pero se produce un cambio, y no es provocado por las incógnitas de una tierra extraña, sino por el reconocimiento de una lucha común para adaptarse y encontrar la paz frente a las interminables convulsiones de la vida. Una película atrayente.

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