Una broma frecuente hace un par de décadas afirmaba que ningún cine había nacido tantas veces como el uruguayo. Ante cada nuevo estreno nacional (que, admitámoslo, ocurría solo de vez en cuando) se afirmaba que ahora sí, en serio, el cine uruguayo había nacido. Luego pasaba un tiempo, la película era olvidada, aparecía otra y el famoso cine volvía a nacer.
Eso ya no corre. Mientras los críticos más franceses del mundo han insistido una y otra vez que el cine ha muerto (Godard era más preciso: “nació con Griffith y murió con Abbas Kiarostami”), los uruguayos demoramos un siglo en poder decir que empezaba a haber una producción estable. El año fue 2001, y los títulos que marcaron un giro en la historia se llamaron 25 watts y En la puta vida. De entonces para acá los títulos se multiplicaron, y el recién nacido empezó a crecer. Un estreno nacional ya no es noticia, y hasta perdimos el complejo a la hora de valorar lo propio. Se acabó aquello de “para ser uruguaya no está tan mal” y hemos podido juzgar las películas nacionales con el mismo criterio que otras: hay bodrios, obras maestras (por lo menos una: Whisky) y un buen número de títulos que se ubica en algún punto intermedio entre los dos extremos.
Una prueba de ello es este ciclo, primero de dos tandas de cine uruguayo estrenado en 2014.
DIR: Manuel Nieto Zas / 122 min.
Uruguay 2013.
DIR: Sebastián Bednarik, Andrés Varela / 75 min.
Uruguay, Brasil 2014.
DIR: Federico Pritsch / 76 min.
Uruguay 2014.
DIR: Guillermo Kloetzer / 72 min.
Uruguay 2014.
DIR: Ayara Hernández, Arauco Hernández / 56 min.
Alemania, Uruguay 2014.
DIR: Juan Álvarez Neme / 98 min.
Uruguay, Argentina 2014.
La llamada “trilogía de Noriko”, es una colección de películas con una actriz protagonista común (Setsuko Hara) que interpreta siempre a una mujer llamada Noriko y que, a pesar del nombre siempre constante, es un personaje distinto en cada film. También están en las tres películas intérpretes como Chisu Ryu, Chieko Higashiyama, y otros frecuentes habitantes del cine del maestro Yazujiro Ozu..
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Ver másNo serán sólo funciones sorpresa: serán secretas. Desde el momento en que ingresen en la sala se establece un pacto que impide revelar el título del film que verán. Para los que vayan, ese misterio se resolverá in situ; para los que no, será un enigma eterno.
Lo único que les puedo garantizar es que valdrá la pena descubrir estos films si no los conocen o volver a verlos si ya los han visto.