Adolescencia, sexo y muerte en Camp Miasma

Teenage Sex and Death at Camp Miasma

Estados Unidos, 2026.

Dirección: Jane Schoenbrun.

Guión: Jane Schoenbrun.

Música: Alex G.

Elenco: Kevin Macdonald, Hannah Einbinder, Gillian Anderson, Amanda Fix, Arthur Conti, Eva Victor, Zach Cherry, Zach Cherry, Sarah Sherman, Patrick Fischler, Dylan Barker, Jasmin Savoy Brown.

Duración: 112 min.

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24

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25

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26

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27

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28

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29

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30

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Quedan 174 butacas disponibles para la función del jueves, 24 de setiembre a las 18:50

Sinopsis

Tras años de secuelas fallidas y un fandom en declive, la (imaginaria) franquicia slasher Camp Miasma es puesta en manos de una joven y entusiasta directora (Hannah Einbinder) para que la resucite. Pero cuando visita a la estrella de la película original, una actriz que ahora vive recluida y envuelta en misterio (Gillian Anderson, la legendaria agente Scully de Los Archivos X) , las dos caen en una espiral de sangre, deseo, miedo y delirio.

A juicio de sus seguidores, este tercer largometraje de Jane Schoenbrun confirma la promesa de sus dos elogiados trabajos previos, We’re All Going to the World’s Fair (2021) y I Saw the TV Glow (2024), que la situaron como una de las voces más reconocibles del cine indie norteamericano contemporáneo. Su película recoge y reformula motivos visuales, conceptuales y narrativos del slasher ochentoso (con las sagas de Halloween y Martes 13 como sus referentes más icónicos), para interrogarse sobre los corsés estructurales que limitan el cine de género y la aparición de miradas no convencionales en el seno de la industria.

Alguien ha señalado ya que el personaje de Einbinder, cineasta queer y nerd introvertida, constituye una suerte de alter ego de la propia personalidad no binaria de la libretista y directora. Por supuesto, el género y su significación juegan un papel muy relevante en el desarrollo de la película, que socava con toda deliberación los lugares comunes sociales, profesionales y artísticos que la mirada masculina ha dispuesto con más frecuencia de la debida en los mecanismos de recepción cultural.

La cineasta protagonista vive sujeta al deseo: conscientemente, el de aportar aire fresco a una franquicia de terror en franca decadencia creativa y económica; de forma más subterránea, el de replicar la mirada de Billy Presley (el personaje de Anderson, la “chica final”, la superviviente del slasher original) en la última escena de la primera película de la saga, y el de experimentar en cuerpo propio esa mirada. La joven deberá convencer a Billy/Anderson para que forme parte del nuevo reboot de Camp Miasma, al tiempo que aprenden a conocerse mutuamente y que indagan en sus deseos más íntimos: Billy ayuda a Kris a experimentar la vida en un plano más terrenal, menos cerebral; al fin y al cabo, apunta Billy, el subgénero slasher va solamente de carne y fluidos. La directora Schoenbrun compone un original pastiche de recursos plásticos que acompañan a sus protagonistas y al asesino serial de la franquicia. Introduce, además, una ocurrencia inteligente que renueva la noción de mirar y ser mirado, de ser sujeto deseado y deseante, en una escena en la que los cuerpos protagónicos se desdoblan y la mirada se desplaza simultáneamente entre lo subjetivo y lo extracorpóreo. Aunque a uno no le guste demasiado el slasher (como el autor de estas líneas, cuyo terror favorito oscila entre Terence Fisher y el mejor Roger Corman, aunque incluye también a Romero y Cronenberg) hay una autora interesante en Jane Schoenbrun.

Tras años de secuelas fallidas y un fandom en declive, la (imaginaria) franquicia slasher Camp Miasma es puesta en manos de una joven y entusiasta directora (Hannah Einbinder) para que la resucite. Pero cuando visita a la estrella de la película original, una actriz que ahora vive recluida y envuelta en misterio (Gillian Anderson, la legendaria agente Scully de Los Archivos X) , las dos caen en una espiral de sangre, deseo, miedo y delirio.

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