¡La novia!
The Bride!
Estados Unidos, 2026.
Dirección: Maggie Gyllenhaal.
Guión: Maggie Gyllenhaal.
Fotografía: Lawrence Sheri.
Música: Hildur Guðnadóttir.
Elenco: Annette Bening, Christian Bale, Jake Gyllenhaal, Jessie Buckley, John Magaro, Julianne Hough, Louis Cancelmi, Penelope Cruz, Peter Sarsgaard.
Duración: 126 min.
Sinopsis
Hay por lo menos dos antecedentes famosos de esta película fantástica. El más notorio es naturalmente La novia de Frankenstein (1936) de James Whale, probablemente la mejor entrega de la saga de cinematográfica de Frankenstein y uno de los mejores de Whale y del ciclo de terror de la empresa Universal de los años 30 y 40. El otro es la menos satisfactoria La prometida (1985), película británica dirigida por Frank Roddaml, en la cual Sting encarnaba al doctor Frankenstein y Jennifer Beals era su creación femenina Eva, que se suponía debía ser la mujer perfecta pero, como habitualmente ocurre con en los experimentos del buen doctor, algo salía horriblemente mal.
Esta relectura muy libre del asunto a cargo de la directora Maggie Gyllenhaal opta por una relectura estilizada y deliberadamente provocadora que mezcla géneros y tonos. Para empezar, traslada la historia al Chicago de los años 20, siglo XX, con una puesta en escena barroca y una ambientación que oscila entre el horror gótico, el melodrama romántico y el cine criminal sobre “pareja maldita”, como si los personajes de Mary Shelley se hubiesen encontrado con Bonnie Parker y Clyde Barrow. El doctor Frankenstein no tiene lugar en el asunto: Christian Bale es el monstruo (sería más correcto denominarlo La Criatura, como lo hacían originalmente en la Universal), que se hace llamar Frank y que le pide a la doctora Euphronius (Annette Bening) que le fabrique una compañera. Jessie Buckley (la excelente protagonista de Hamnet) compone una novia que se rebela contra su condición de criatura creada para otros, convirtiéndose en una suerte de icono de la rebelión feminista. Bale, por su parte, ofrece un monstruo más melancólico que amenazante, un ser marcado por la soledad, dato que la película recupera de la novela original de Shelley y que el cine ha omitido con frecuencia.
Entre lo gótico, el melodrama y la película de pistoleros (puede llamar la atención ver al Frank disparando un arma) despliega muchas ideas, acaso demasiadas, y eso puede volverla un poco caótica. Gyllenhaal no le teme al exceso, pero sabe rodearse de profesionales muy eficientes: hay excelencias de ambientación, fotografía y vestuarios en su recreación de época, hay una suciedad orgánica en cada plano que recuerda que el verdadero monstruo nace de la tierra y la sangre, no de un laboratorio. ¿Una película redonda? Dista de serlo. Pero sí, en todo caso, un experimento arriesgado, que trata de hacer algo original con un material demasiado usado y encuentra algunos momentos fulgurantes. Como lo demostrara hace poco Guillermo del Toro, el Frankenstein de Shelley sigue siendo fuente de inspiración de mucha gente. No busca ser una versión definitiva del mito de Frankenstein, sino una interpretación personal, arriesgada y a ratos desbordada que confirma la voluntad de su directora de explorar territorios poco convencionales dentro del cine fantástico. Maggie Gyllenhaal (Nueva York, 1977) es actriz, guionista y realizadora. Su film, La hija oscura (2021), que fue su debut en la dirección de largometrajes, se estrenó en el festival de Venecia y cosechó múltiples elogios y premios en su paso por festivales.
Hay por lo menos dos antecedentes famosos de esta película fantástica. El más notorio es naturalmente La novia de Frankenstein (1936) de James Whale, probablemente la mejor entrega de la saga de cinematográfica de Frankenstein y uno de los mejores de Whale y del ciclo de terror de la empresa Universal de los años 30 y 40. El otro es la menos satisfactoria La prometida (1985), película británica dirigida por Frank Roddaml, en la cual Sting encarnaba al doctor Frankenstein y Jennifer Beals era su creación femenina Eva, que se suponía debía ser la mujer perfecta pero, como habitualmente ocurre con en los experimentos del buen doctor, algo salía horriblemente mal.


