foto Mi tío

Mi tío

Mon oncle

Francia, 1958

Dirección: Jacques Tati

Guión: Jacques Tati, Jacques Lagrange, Jean L'Hôte. Fotografía: Jean Bourgoin. Música: Franck Barcellini, Alain Romans. Producción: Gaumont/ Specta Films/ Gray-Film/ Alter Films. Elenco: Jacques Tati, Jean-Pierre Zola, Adrienne Servantie, Lucien Frégis, Betty Schneider, Jean-François Martial.

Duración: 120 minutos

Formato: digital

Éste fue en 1958 el tercer largometraje realizado por el humorista Jacques Tati, tras sus éxitos previos de Días de fiesta y (especialmente) Las vacaciones del señor Hulot. A estas alturas Tati era ya un autor completo, con una personal visión del mundo y un claro dominio del instrumento cinematográfico. Cualidades que reaparecerían en esta comedia que retoma al personaje de Hulot y lo enfrenta a algunos fastidios de la vida moderna.
El principal objetivo de su sátira es la civilización de la máquina y el confort, de la deshumanización y el orden impuesto. Tati enarbola formas de vida más frescas y espontáneas, más humanas y comunicativas, simbolizadas por el viejo París que en su película parece estar desapareciendo ante los embates de “la piqueta fatal del progreso”. Buena parte del humor del film se apoya en la oposición entre el personaje protagónico, con su espíritu “de barrio” y su pizca de sentimentalismo que nunca se editorializa, y la casa ultramoderna de su hermana y su cuñado, donde los objetos que presuntamente deberían hacer más habitable el mundo, no siempre funcionan como se espera. La reivindicación de cierto anarquismo individualista teñido de una leve poesía, vincula a Tati con una tradición francesa como la que René Clair, quien también practicó la sátira y el humor visual.
Con ritmo apacible pero seguro, Tati arma su comedia apelando a recursos estrictamente visuales, con una inventiva que conoce pocos desfallecimientos. Su humor es deliberadamente controlado y calmo, con un lento armado para cada chiste que conduce a una culminación cuidadosamente calculada, cuya eficacia se apoya a menudo en la reiteración (el detalle del fósforo que se arroja varias veces por la ventanilla del auto, hasta que cerca del final hay una variante regocijante) y en una elaboración plástica donde objetos comunes adquieren de pronto un carácter insólito (las ventanas que se transforman en dos enormes ojos en medio de la noche). Menos redonda que Las vacaciones del señor Hulot (probablemente la obra maestra de Tati), el resultado exhibe empero la mano de un creador cómico de considerables dimensiones, capaz de garantizar una diversión inteligente que se prolonga cuando se la saborea en el recuerdo.

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