Estados Unidos, 1962
Dirección: Richard Brooks
Guión: Richard Broooks, sobre texto de Tennessee Williams. Fotografïa: Milton Krasner. Música: Robert Ambruster. Producción: Metro-Goldwyn- Mayer. Elenco: Paul Newman, Geraldine Page, Ed Begley, Shirley Knight, Rip Torn, Mildred Dunnock.
Duración: 120 minutos
La Alexandra del Lago interpretada aquí por la gran Geraldine Page es uno de esos personajes femeninos tan característicos de Williams: una gloria del cine que padece los estragos del tiempo pero se niega a reconocerlos, envolviéndose en una niebla de autoengaño, alcohol y drogas que es, señaladamente, la marca de fábrica de las mejores creaciones de este autor. La acción se dispara a partir del encuentro del personaje con Chance Wayne (Paul Newman), un fracaso aspirante a actor que se ha resignado a desempeñarse como gigoló de mujeres solitarias y adineradas. La acción se ubica en una localidad del Sur de Estados Unidos, el escenario habitual de Williams, en el marco de una sociedad conservadora, clasista y retrógrada. La tensión dramática (que incluye flashbacks para explicar hechos de los años de juventud de Chance, con referencia al inicio de la Guerra de Corea) crece hasta una sucesión de escenas violentas y desgarradoras, que ponen al descubierto la bajeza de las pasiones humanas amparadas en la venganza y la violencia.
Enfrentado a un texto que tenía sus audacias y a una producción a cargo de la empresa MGM, que siempre prefirió las películas costosas, coloridas y vistosas con elenco estelar, el libretista y director Richard Brooks, un hombre inquieto que otras veces se había ocupado del Ku Klux Klan (libreto de ¿Acusaría usted? de Stuart Heisler), de delincuencia juvenil (Semilla de maldad) y de textos literarios prestigiosos, desde Dostovievski (Los hermanos Karamazov) a Sinclair Lewis (Elmer Gantry) que más tarde se ampliarían hasta Joseph Conrad (Lord Jim) y Truman Capote (A sangre fría), tenía muy claro lo que quería y hasta qué punto lo dejarían hacerlo. Inevitablemente tiene que suavizar algunas de las aristas más dolorosas de su asunto (la suerte final de Chance es bastante menos cruel que su alternativa en el escenario), como ya lo hiciera, también sobre Williams, también para Metro, también con Paul Newman, en su adaptación de La gata sobre el tejado caliente, pero queda bastante del original como para lograr un resultado eficaz y por momentos absorbente.
El elenco es su carta de triunfo (cabe algún reparo lateral a Ed Begley), y Newman era ya estas alturas el buen actor que mejoraría después. Pero por supuesto, el gran personaje de la pieza y de la película es Alexandra del Lago, y Geraldine Page es la gran actriz que ese personaje pedía. La actriz había llegado al cine casi por casualidad, cuando John Wayne, que la había visto en teatro, la eligió para protagonizar el papel de mujer pionera de Hondo que Katharine Hepburn había rechazado, y ya había tenido un encuentro previo con Williams en la pantalla cuando protagonizó Verano y humo, otra de esas figuras de mujer reprimida y neurótica que repetiría con texto de Lillian Hellman (Pasiones en conflicto) y con castigos para Clint Eastwood (El engaño), hasta un demorado Oscar en 1985 por El viaje a Bountiful. Sería un exceso decir que la finísima labor de Page es todo el show en este Dulce pájaro de la juventud, pero ciertamente es buena parte de él.