Documentos 39º Festival:

Acerca del festival

Hasta el 11 de julio de este año no iba a existir el 39º Festival. Al menos no en 2021.

Pero el decreto que al día siguiente habilitó la reapertura de las salas de espectáculos nos puso en marcha para buscar no solamente películas, sino también salas, cuando todo el circuito comercial estaba cerrado.
Para nosotros, que el festival no se suspendiese era de fundamental importancia. Una importancia sobre todo simbólica, para un festival que solamente se suspendió una vez, en 1983. Había nacido un año antes, en plena dictadura y con tan solo 16 películas ya aspiraba a convertirse en un foro del cine mundial. Pero al año siguiente no pudo realizarse. Sin embargo, desde que se reanudó un año más tarde ya no dejó de celebrarse, año a año, creciendo sin pausa, aun en las condiciones económicas más adversas. Es así como queremos que el registro quede, una marca de lo que la censura y el autoritarismo le hace a la cultura.

Es por eso que este festival está lleno de agradecimiento a los apoyos que tenemos y a aquellos que, a pesar de la premura, se sumaron al festival: la Sala Zitarrosa, la Sala B del Sodre, la sala Life 21. Sin ellos el festival no existiría, porque es imposible pensar en realizar un festival de más de 100 películas únicamente en las salas de Cinemateca, mucho menos, con las restricciones sanitarias todavía vigentes.

Hay, todavía, otra razón. La pandemia tuvo y todavía tendrá, un enorme impacto sobre el cine y sobre los cines. No solamente fue el virus el que nos metió en nuestras casas, sino la propia industria del entretenimiento, con su profusión de plataformas de streaming que son, a la vez, una solución y un problema. Pero por más que los televisores se agranden ninguna experiencia doméstica se acercará nunca a ver una película en una sala. Así traer cine nuevo y mostrarlo en una sala es reclamar un espacio amenazado.

Este festival es el festival de la pandemia, no por la temática de las películas, muchas de las cuales se rodaron antes de que estallara la crisis del coronavirus, sino porque es el cine que se estrenó en festivales y cines (como pudieron) en los años 2020 y 2021. Son películas a las que les ha costado mucho encontrar un público y que esperamos que lo encuentren en Montevideo.

Respecto a la programación, nuevamente se ha buscado un equilibrio entre los directores con mayor trayectoria como Christian Petzold, Nadav Lapid o Radu Jude y los nuevos. Una mención aparte merece la programación uruguaya, que tanto en largometrajes como en cortometrajes exhibe una gran diversidad y calidad.

El festival también viene con otras inauguraciones, la de la tienda del cine, en la mejor tradición de las tiendas de los museos y la de la app de la plataforma +Cinemateca, porque eso ha caracterizado el accionar de Cinemateca en pandemia, el afrontar las dificultades con emprendimientos. Y si en 2020 nuestra reacción al cierre fue inaugurar el autocine, el ciclo de Cinemateca Te Acompaña por TV Ciudad y la plataforma +Cinemateca, en 2021 es abrir la tienda, crear la app e invitarlos a Reconnect, una red social dentro de la plataforma, para que los usuarios (y los criticos) puedan comentar y recomendar películas y que estará funcionando dentro de muy poco.

Como en 2022 el festival cumple 40 años y la Cinemateca, 70, el año que viene aspiramos devolver el festival a su fecha habitual de Semana de Turismo. De modo que este no es solo un festival, es el primero de dos que solamente tienen un verano de por medio.

Este año extrañaremos, sin embargo, a dos críticos cinematográficos y amigos de la Cinemateca: Alberto Postiglione y Amílcar Nochetti, infaltables en cada festival. A ellos va dedicado este.