No hay hombres buenos

No Good Men

Alemania, Francia, Noruega, Dinamarca, Afganistán, 2026.

Dirección: Shahrbanoo Sadat .

Shahrbanoo Sadat (Teherán, Irán, 1990). Es una directora afgana que reside en Hamburgo, Alemania, desde la caída de Kabul en 2021. Su trabajo ha sido seleccionado en tres oportunidades para la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes: con el cortometraje Vice Versa One (2011), su primer largometraje Wolf and Sheep (2016), que fue nominado a la Cámara de Oro y obtuvo el premio CECAE, y The Orphanage (2019), su segunda película. A los 19 años se convirtió en la realizadora más joven en integrar la residencia Cinéfondation de Cannes, donde desarrolló Wolf and Sheep. Este film y The Orphanage forman parte de un proyecto más amplio: una serie de cinco películas inspiradas en un extenso manuscrito autobiográfico inédito de Anwar Hashimi. No Good Men, la tercera entrega de esta serie —una comedia romántica— tuvo su estreno mundial como film de apertura de la 76ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín. Además de su trabajo como realizadora, Sadat ha sido jurado del premio a Mejor Ópera Prima en el Festival Internacional de Cine de Berlín y ha participado como jurado en otros festivales de prestigio como Locarno, Torino Film Lab, el Festival des 3 Continents de Nantes y el Reykjavík International Film Festival, entre otros.

Elenco: Anwar Hashimi, Liam Hussaini, Torkan Omari, Yasin Negah, Shahrbanoo Sadat.

Duración: 103 min.

Sacar entradas

abril

sábado

11

2026

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Esta función se exhibe en Sala Zitarrosa
Dirección: Av. 18 de Julio 1012 esquina Julio Herrera y Obes

Sinopsis

No Good Men, título con el que se estrenó en la apertura de la recientemente realizada edición del festival de Berlín, dirigida y protagonizada por Shahrbanoo Sadat, parte de un tema que en otras manos podría haber derivado en un artefacto solemne o en un melodrama de tesis: la condición subalterna de la mujer en Afganistán, incluso durante los años en que el país era presentado por Occidente como un laboratorio democrático. Sadat, sin embargo, se las arregla para evitar ese camino fácil. Su película observa antes que proclama y encuentra en la respiración de lo cotidiano un lugar más fértil que en la retórica del cine de denuncia. Ambientada en el Kabul inmediatamente anterior a la entrada de los talibanes en 2021, la historia sigue a una joven aspirante a camarógrafa de informativos que intenta abrirse paso en un entorno laboral y social donde el machismo no es una anomalía sino una estructura. La protagonista —periodista, madre, exesposa, mujer que vuelve a enamorarse— recorre ese paisaje humano con una mezcla de obstinación y escepticismo que Sadat interpreta con una naturalidad admirable. No es casual que la directora haya decidido ponerse ella misma delante de la cámara: su presencia funciona como una declaración de principios, pero nunca como un gesto subrayado. Uno de los aciertos del film está en su capacidad para dejar que la opresión masculina emerja de los pliegues de la vida cotidiana: en las discusiones domésticas, en los códigos sociales que marcan los límites de lo permitido, en la manera en que los hombres ocupan el espacio público con una comodidad heredada. Pero Sadat introduce también una corriente de humor que impide que el relato se vuelva asfixiante. A veces es un humor leve, casi cómplice; otras veces adopta una forma más gruesa, como en la escena en la que una amiga regresa de Estados Unidos con un vibrador que provoca una mezcla de escándalo, curiosidad y felicidad entre las mujeres del grupo. La Berlinale celebró precisamente esa mezcla poco habitual de ligereza y gravedad. El film, se mueve con soltura entre la comedia íntima, el retrato sentimental y el comentario político, como si Sadat supiera que la vida —incluso en los contextos más opresivos— rara vez se organiza en un solo registro emocional. Pensada para un público amplio, la película no está exenta de ciertos pasajes más convencionales, especialmente en los conflictos con el exesposo, donde el guion se permite algunos atajos dramáticos. Y quizá el desenlace, precipitado por la irrupción del terror talibán, se inclina hacia una grandilocuencia melodramática que desentona ligeramente con la delicadeza de la que el film venía haciendo gala. Aun así, esta película confirma a Shahrbanoo Sadat como una cineasta de mirada lúcida y una actriz de notable precisión. Y, sobre todo, como una narradora capaz de encontrar humanidad en medio de una historia que el mundo suele contar solo desde la tragedia.

No Good Men, título con el que se estrenó en la apertura de la recientemente realizada edición del festival de Berlín, dirigida y protagonizada por Shahrbanoo Sadat, parte de un tema que en otras manos ...

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