Dos fiscales
Zwei Staatsanwälte
Francia, Alemania, Países Bajos, Letonia, Rumania, Lituania, 2025.
Dirección: Sergei Loznitsa.
Guión: Sergei Loznitsa.
Fotografía: Oleg Mutui.
Elenco: Anatoliy Beliy, Dimitrijus Denisiukas, Aleksandr Filippenko, Alexander Kuznetsov, Ivgeny Terletsky, Valentin Novopolskij, Vytautas Kaniusonis.
Duración: 118 min.
Sinopsis
Unión Soviética 1937, los tiempos del Gran Terror. Miles de cartas de detenidos acusados falsamente por el régimen son quemadas en una celda. Contra todo pronóstico, una de ellas llega a su destino: el escritorio del recién nombrado fiscal local, Alexander Kornev. Movido por un sentido de justicia, Kornev viaja a una prisión en la región de Briansk para entrevistar a Spetniak, el autor de la carta. El recluso acusa a los agentes del NKVD (la policía política) de fabricar un complot que justifique la represión contra antiguos militantes bolcheviques. En medio de un sistema opaco y represivo, el fiscal logra recoger su testimonio. Ambos, fiscal y detenido, comparten el mismo ideal revolucionario, pero quedan atrapados en la lógica paranoica del régimen. Con cierta ingenuidad, Kornev cree (al menos al principio) que los autoritarios y los corruptos son “manzanas podridas” en un sistema básicamente justo. Lo que sigue demostrará cuánto se equivoca. Finalmente, ambos serán etiquetados como agentes extranjeros y traidores a la patria
En la base del asunto hay una novela corta autobiográfica de Georgi Demidov. El ucraniano Loznitsa ha dirigido películas de ficción, como Donbass (2018), sobre la invasión rusa de esa región de Ucrania, antes de la invasión total. Pero ante todo es el director de grandes películas documentales, basadas fundamentalmente en el montaje de material de archivo, como El juicio, sobre uno de los juicios-farsa estalinistas, Funeral de estado, sobre la performance montada en el funeral de Stalin, Babi Yar. Contexto, sobre el extermino de los judíos ucranianos durante la invasión nazi, o Sobre la historia natural de la destrucción, en torno al sufrimiento de la población civil alemana, bombardeada por los Aliados, durante la II Guerra Mundial. Todos estos documentales se sustentan en las imágenes de archivo y en el montaje. En todos ellos Loznitsa se ha mostrado como un director preocupado por algunas de las peores injusticias del siglo XX, y las ha denunciado con talento. Vuelve a hacerlo en Dos fiscales.
La película construye una atmósfera asfixiante de una manera fría y casi documental, retratando despachos, pasillos e interrogatorios con una sobriedad que convierte al propio sistema en protagonista. La ausencia de música y el uso de sonidos cotidianos refuerzan la sensación de un tiempo que avanza implacable, mientras el aparato burocrático aplasta a los individuos. La cámara permanece inmóvil, como si el espectador accediera a la verdad de la realidad y ofrece una ventana a cómo pudieron ser las cosas en la Unión Soviética de los años 30, antes de la II Guerra Mundial. Los diálogos son contenidos, la sobriedad de la paleta de colores (tonos marrones, negros y grises) refuerza tanto la pobreza moral de los seguidores del régimen como el deterioro material de los prisioneros. Ese juego estético está al servicio de una idea central: la lealtad de un solo hombre como puente para condenar el deterioro moral de un conjunto de canallas.
Unión Soviética 1937, los tiempos del Gran Terror. Miles de cartas de detenidos acusados falsamente por el régimen son quemadas en una celda. Contra todo pronóstico, una de ellas llega a su destino: el escritorio del recién nombrado fiscal local, Alexander Kornev. Movido por un sentido de justicia, Kornev viaja a una prisión en la región de Briansk para entrevistar a Spetniak, el autor de la carta. El recluso acusa a los agentes del NKVD (la policía política) de fabricar un complot que justifique la represión contra antiguos militantes bolcheviques. En medio de un sistema opaco y represivo, el fiscal logra recoger su testimonio.


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