In memoriam: Bruno Ganz

Antonio Larreta dijo cierta vez de él que era el mejor actor europeo de los últimos treinta o cuarenta años, y aunque pueda surgir en la memoria un puñado de nombres que se le compare, pocos lo superaron. La trayectoria de Bruno Ganz es la de un profesional de enorme competencia, un hombre sensible y un individuo inteligente que supo cuidar su imagen, identificándola casi sistemáticamente con un cine de calidad. Era un exigente en la elección de sus temas y de los cineastas para los que trabajaría, y por eso la lista incluye desde Wim Wenders a Werner Herzog, desde Eric Rohmer a Theo Angelopoulos, con pocos deslices hacia un cine más comercial y alimenticio.
Había nacido en Zurich, Suiza, el 22 de marzo de 1941, y falleció el pasado 16 de febrero. Hijo de un mecánico suizo y de una italiana, antes de terminar el bachillerato ya había decidido convertirse en actor, y asistió a la Hochschule für Musik und Theater de Zúrich. Debutó en cine en 1960, y entre 1964 y 1969 formó parte del elenco del Teatro Goethe en Bremen, trabajando con directores como Luc Bondy, Dieter Dorn, Peter Stein, Klaus Michael Grüber, entre otros. Allí hizo desde Shakespeare a Ibsen, desde Schiller a Goethe, Gorki, von Kleist, Brecht y Euripides. Luego integró el grupo teatral del Berliner Schaubühne y al mismo tiempo se lo empezó a ver más en la pantalla, desde Lumiére (1976) de Jeanne Moreau hasta un pequeño papel en Los niños del Brasil (1978) de Franklin Schaffner.
En 1979 actuó en el Nosferatu de Herzog, pero su colaboración creativa más interesante y perdurable ha sido con Wim Wenders, con quien comenzó a trabajar en 1977 en El amigo americano, sobre novela de Patricia Highsmith, prosiguió con los personajes angélicos de Alas del deseo (1987) y Tan lejos y tan cerca (1993). Ha trabajado además con Éric Rohmer (La marquesa de O…, 1976), Mauro Bolognini (La verdadera historia de la dama de las camelias, 1980), Claude Goretta (Una muchacha de provincia, 1980), Volker Schlöndorff (El ocaso de un pueblo, 1981), Alain Tanner (En la ciudad blanca, 1982), Francis Ford Coppola, Theo Angelopoulos (La eternidad y un día, 1998), y otros importantes cineastas, llegando a proporcionar incluso el formidable Adolfo Hitler de La caída (2004) de Oliver Hirschbiegel. Al mismo tiempo siguió haciendo radio, teatro (desde Esquilo a Moliére y Goethe), y hasta participó como relator en obras sinfónico-corales, de Beethoven a Nono. Un cáncer se lo llevó el mes pasado, pero se recuerda. Y también sus películas, de las que este ciclo recoge solamente un puñado.

Alas del deseo

DIR: Wim Wenders / 126 min.

Alemania Federal 1987.

El amigo americano

DIR: Wim Wenders / 125 min.

Alemania / Francia 1977.

La Marquesa de O…

DIR: Eric Rohmer / 1976 min.

Alemania 107.

Nosferatu, el vampiro

DIR: Werner Herzog / 106 min.

Alemania 1979.

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