foto Marty supremo

Marty supremo

Marty Supreme

Estados Unidos, 2025

Dirección: Joshua Safdie

Guión: Ronald Bronstein, Joshua Safdie. Fotografía: Darius Khondji. Música: Daniel Lopatin. Producción: A24, Elara Pictures, IPR.VC. Elenco: Timothèe Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion, Abel Ferrara, Tyler the Creator.

Duración: 149 minutos

Esta película debe ser entendida como una obra de transición y, al mismo tiempo, de afirmación autoral para Josh Safdie, esta vez sin la co-dirección de su hermano Benny, con quien trabajara en títulos previos (Uncut Gems, Good Time). Inspirada libremente en la figura real del legendario jugador y estafador del ping-pong Marty Reisman, la película parece menos interesada en el deporte como tal que en el mito del genio marginal, un tema recurrente en el cine de los Safdie.
Safdie mantiene su sello lo que muchos consideran ya un sello personal: energía nerviosa, cámara invasiva, ritmo asfixiante y personajes que viven al borde del colapso. La película exhibe sin embargo un tono más nostálgico, una mirada menos nihilista y más reflexiva sobre la construcción del ego masculino en la posguerra estadounidense.
El guión se articula como un biopic no convencional, fragmentado y episódico, más interesado en capturar la personalidad excesiva de Marty que en narrar una progresión clásica. La figura de Marty (muy convincentemente encarnado por Timothèe Chalamet) funciona como símbolo: talento puro sin disciplina, inteligencia sin moral fija, triunfo construido sobre el engaño. Chalamet se aleja de su imagen habitual para abrazar una fisicidad agresiva, verborrágica y arrogante. Su desafío era dotar de ambigüedad moral a un personaje que fácilmente puede volverse caricatura, y el actor lo logra sin esfuerzo.
Los temas de la película son la obsesión estadounidense por ganar, incluso cuando el juego está arreglado, la masculinidad performativa y competitiva, el talento como excusa ética, la delgada línea entre supervivencia y estafa.
Safdie y Chalamet construyen a su protagonista como un sujeto hiperkinético, dominado por la necesidad compulsiva de validación. Marty no juega para ganar puntos, dinero o prestigio deportivo: juega para afirmar su existencia. Cada partido, apuesta o engaño funciona como un ritual de autoafirmación frente a un mundo que percibe como hostil o indiferente. Sociológicamente, la película puede leerse como una radiografía del individualismo competitivo estadounidense en la segunda mitad del siglo XX. El ping-pong, deporte marginal y poco glamoroso, funciona como metáfora perfecta: un espacio periférico donde el sistema no mira, y donde por lo tanto todo vale. Marty es producto de una sociedad que glorifica al ganador, pero no regula los métodos, siempre que el éxito sea visible. La película parece sugerir que el estafador no es una anomalía del sistema, sino uno de sus resultados más coherentes. Marty no rompe las reglas del juego social: las lleva a su conclusión lógica. Por esa vía, la película puede ser entendida como un cuestionamiento al american dream (aunque algunos hayan creído ver en ella una celebración estilizada del “tipo listo” que siempre cae de pie).
La película tiene todos los elementos para ser una obra incómoda y divisiva, pero, aun así, fascinante. Su mayor fortaleza (la personalidad arrolladora de su protagonista y la visceral dirección de Safdie) eran también su mayor peligro: que el ruido estético eclipsara la profundidad emocional. Pero Safdie supera el riesgo con suficiencia.

Trailer

Horarios

jueves 22 de enero
18:30
viernes 23 de enero
18:30
sábado 24 de enero
18:55
domingo 25 de enero
18:55
lunes 26 de enero
18:30
martes 27 de enero
18:30
miércoles 28 de enero
18:30