Portugal, 2024
Dirección: Rui Pires
Guión: Rui Pires. Fotografía: Pedro Castanheira. Montaje: Rui Pires. Sonido: Rui Pires, Bernardo Theriaga, Paulo Lima. Producción: Cláudia Regina, Rui Pires, Patrícia de Brito.
Duración: 123 minutos
Esta película es ante todo un retrato documental profundamente político y ciudadano, una obra que intenta responder a una pregunta difícil: ¿qué es realmente la democracia más allá de las fachadas institucionales? Para lograrlo, el director Rui Pires se adentra duranteun año en la vida diaria de la Assembleia da República Portuguesa, registrando debates, votaciones, reuniones y encuentros entre representantes y representados. El resultado es un film que se sitúa en esa “zona gris” que suele permanecer invisible al público general: los mecanismos, tensiones y contradicciones internas de la política parlamentaria.
Una de las mayores virtudes del documental es su capacidad para humanizar lo institucional. Lejos de ofrecer un análisis académico o un panfleto ideológico, Pires se concentra en las prácticas cotidianas de la política: las gestiones de peticiones ciudadanas, los debates sobre la vivienda, la justicia social, las desigualdades y la burocracia que se cierne sobre los proyectos de ley. Este enfoque permite ver cómo las demandas sociales, desde trabajadores de aeropuertos hasta residentes afectados por la especulación inmobiliaria,llegan al Parlamento y son negociadas, transformadas o resistidas por los diputados.
Esta cercanía ofrece algo valioso: en lugar de una mera exposición de problemas, la película muestra la política como proceso vivo, con sus conflictos, acuerdos frágiles y tensiones reales. Esa decisión formal (filmar “el trabajo en sí” más que comentar sobre él) convierte la película en una experiencia de observación activa, casi etnográfica. A nivel cinematográfico, la duración del metraje contribuye a este efecto: el paso del tiempo y la repetición de escenas aparentemente banales reflejan la lentitud y la perseverancia que caracterizan la vida parlamentaria.
Hay además una tensión evidente entre la intención de presentar una visión honesta de la democracia y la nostalgia que ciertos testimonios políticos han expresado tras verla, recordando una Asamblea más preocupada por el diálogo ciudadano que la actual. Este efecto nostálgico puede no ser del todo intencional, pero sí plantea la pregunta de si el documental no idealiza en cierto modo un modelo parlamentario que ya ha cambiado y que enfrenta retos distintos. Leves reparos al margen, la película es, en definitiva, un documental político ambicioso y necesario, en el sentido de que desplaza la cámara hacia dónde rara vez se mira: el corazón administrativo y deliberativo de la democracia. Su valor está en la paciencia con que observa, en la humanización de lo institucional y en la invitación a cuestionar cómo las instituciones representan (o no) las demandas sociales reales.